Editorial
Calidad de la Educación en el Aula

 

Sebastián Miranda - Director de Servicios Educativos

División Educación de ARQUIMED

El debate nacional sobre la educación está abordando simultáneamente muchas materias. Es inevitable que así sea, por la naturaleza sistémica e integral de su agenda. En cada área hay aspectos sensibles y a veces determinantes para otros campos. Y es normal, asimismo, que distintos actores prioricen u otorguen más importancia a sus demandas específicas. Esa complejidad ha sido parte de las dificultades para avanzar en acuerdos que permitan encauzar el diálogo abierto en estos meses. Y ha sido parte también de la pérdida del foco en la discusión.

Ahora bien, asumiendo esa dificultad, la calidad de la educación, entendida como los espacios formativos y herramientas que cualquier institución educacional debe establecer para generar aprendizajes en quienes allí asisten, debiera volver a tomar protagonismo en todas las conversaciones. Este fue el punto inicial del debate, pero se fue  diluyendo en el tiempo. La necesaria calidad en la  educación chilena debe ser el resultado de un conjunto de reformas, que amplíen el acceso a la educación, la igualdad de oportunidades, el mejoramiento del sistema de financiamiento y de la institucionalidad fiscalizadora. Todas ellas caminan en un nivel que, podríamos llamar de “reformas macro”, que son necesarias y pertinentes. Es correcto que una parte importante de las definiciones del debate público se concentre en ellas, porque un consenso nacional puede despejar muchos déficits que nuestro sistema educativo ha mantenido y alimentado por décadas. Sin embargo, la calidad de la educación también se juega decisivamente en las que podríamos llamar las “reformas micro”, esto es, aquellas que deben implementarse en el espacio formativo del aula, y en la  relación vital entre profesores y estudiantes y entre estudiantes.

Nuestro debate actual todavía tiene ausencia de un diálogo concreto y realista sobre qué desafíos tenemos en ese espacio esencial de la educación.

Ahora, uno no invalida el otro. Al contrario, si tuviéramos una mirada más atenta a los fenómenos que ocurren en el aula probablemente resolveríamos con más facilidad los asuntos relativos a la arquitectura institucional y financiera que las reformas requieren. Y, al mismo tiempo, esas reformas serán aprovechadas si logramos comprender que los cambios necesarios para mejorar la calidad de la educación chilena pasan por entender, y aprender a escuchar con más atención, los procesos que se viven en las aulas de las escuelas chilenas.

Todos los actores involucrados en la educación buscamos que nuestras escuelas alcancen mejores resultados, pero eso no se consigue de la noche a la mañana. El foco debe estar en incorporar calidad de acuerdo a los micro procesos de cada escuela y especialmente en aquellos relacionados con enriquecimiento pedagógico, didáctica, mediación del aprendizaje, atención a la diversidad y el desarrollo de clases efectivas. Para ello, creemos, no basta con el cambio institucional y tampoco se sustenta sólo en un cambio metodológico o en la incorporación de las mejores innovaciones tecnológicas. Todo ello es necesario, pero no suficiente. Para conseguir mejores ciclos de mejora y aprendizaje es necesario tener una visión concreta sobre lo que se vive en el proceso de aprendizaje de cada aula. Esto requiere reforzar la capacidad  técnica en cada territorio, distinguir las dificultades que tiene cada una de las culturas locales y focalizar las capacitaciones específicas que necesita cada una de las escuelas. Esto es, debemos poner el foco en el aula, es decir, escuchando y adaptando el modelo pedagógico a lo que realmente ocurre en la relación entre los docentes y el alumno. Y, por último, como lo hemos hecho, es necesario poner especial cuidado en que se construya  un  apoyo al equipo de cada escuela, porque de esa forma se consiguen mejores resultados de aprendizaje, toda vez que la oferta de contenidos se hace de manera segmentada, escuchando a directivos y docentes de esas escuelas.

Sin estas “reformas micro” cualquier transformación será más lenta y volverá a generar frustración y desesperanza.

 
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